Transformación

Largo ha sido el camino. Cuando miro hacia atrás me parece increíble todo los obstáculos pasados, pero aún así me siento feliz de haberlo recorrido y de ser lo que soy ahora, quizás lo que siempre debí haber sido.

Ha sido una vida que para muchos puede ser normal, pero para mí ha sido intensa, de grandes dolores, de felicidad y de mucho, mucho aprendizaje; además, que la forma de verlo depende de cada persona, porque no todos sentimos y vivimos las cosas de la misma manera.

Cuando era pequeña por algunas cosas que recuerdo y por otras historias que me han contado sobre mí, generalmente fui una niña con las ideas y gustos muy definidos, teniendo claro lo que quería, expresando mi parecer, pero lamentablemente eso lo fui perdiendo con el pasar del tiempo, transformándome poco a poco en una persona insegura, temerosa, tímida, con poca valoración en sí misma. ¿Qué fue lo que provocó este cambio? Tiene mucho que ver con la crianza, con la educación, con la cultura, con las creencias que fui adquiriendo de mi entorno. Claro, a veces pensaba y me decía que me habría encantado tener otra vida, con padres que hubiesen actuado de manera distinta, con amigos y compañeros diferentes; pero ahora, en este punto de mi vida, no, no lo cambiaría, porque si lo hiciera, ya no sería la persona que soy en este momento, quizás mis intereses serían otros y yo, en este presente, me siento feliz y orgullosa de ser como soy.

Cada golpe tanto físico como emocional, cada caída, cada sufrimiento de la vida, me ayudó a ver las cosas desde otra perspectiva. Para ello, también es importante, querer avanzar, pararse, limpiarse las heridas y seguir. Es querer salir adelante y no quedarse en el papel de víctima. No voy a negar que nunca lo hice, sí, más de alguna vez me encontré diciéndome: “si tal persona fuera así, yo sería distinta o mi vida sería más feliz”, quería que la gente tuviera lástima de mí (de una manera muy inconsciente). Pero con decírmelo o contárselo a otra persona no servía de nada, mi vida seguía siendo igual y yo cada vez peor; claro me sirvió para desahogarme, pero nada más. Al parecer, esta no era la fórmula para ser feliz.

¿Cuándo se produjo esta transformación? Cuando me di cuenta que era yo la única que podía hacer diferente mi futuro, no quedándome pegada en el dolor, en el victimismo, sino co-creando el futuro que yo quería para mí y, para eso, era importante ver las cosas de otra manera, qué me quería decir cada experiencia vivida, qué tenía que aprender.

Para lograr esto (camino que también recorrí) es fundamental conocerse, saber realmente el valor que tienes como persona. Conocer tus fortalezas, aceptar tus debilidades, darte cuenta de cómo te estás viendo tú, ¿eres así? O ¿eres lo que te dijeron que eras? Mírate al espejo y ve ese valor que hay dentro de ti. Sé lo que siempre has querido ser, pero que no te has atrevido a ser, tú tienes el poder para transformarte.

Perdona. Primero, perdónate a ti misma, por las cosas que has hecho y por todas aquellas que no te has atrevido a hacer. Luego, perdona a las personas que han estado en tu vida, ya sea que estén presentes en este momento o no, porque cada una te estaba mostrando algo para que tú fueras mejor, quizás algo que tenías que aprender, como por ejemplo, aprender a valorarte.

Sé resiliente. La vida no es solo de color rosa, se nos van a presentar dificultades en el camino, pero afrontémoslo con valentía, tenemos los recursos para hacerlo y veamos qué me dice esta adversidad, de esta manera te sentirás más fuerte y no te afectará de manera tan significativa en tu vida.

Atrévete a transformar tu vida, solo tú puedes hacerlo, conociéndote, creyendo en ti y valorizándote. ¡Vamos tú puedes!


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