Todos en alguna medida hemos sentido dolor por una situación en particular o porque alguien nos ha hecho algo. Cuando la persona que nos ha causado una herida es muy cercana y confiábamos en ella, el dolor lo sentimos mucho más intenso.

Nuestra mente ve estas acciones que nos causan dolor bajo ciertos filtros, los cuales están basados por nuestras expectativas, creencias, valores, juicios, entre otros, y esta mirada va creando en nosotros odio, resentimiento y venganza, eliminando todo estado de paz en nuestro interior.

Para poder trabajar estas emociones difíciles que aparecen en nosotros y encontrar tranquilidad, necesitamos reconocer que las estamos sintiendo para luego soltarlas y, por último lo más importante, perdonar.

Para perdonar a otra persona es necesario reconocer nuestro dolor; comprender al otro y la naturaleza del problema; aceptar los hechos libre de juicios, esto no quiere decir que estemos de acuerdo ni que lo aprobemos, sino reconocer el hecho como es.

Cuando hablo de comprender al otro y la naturaleza del problema me refiero a mirar más en profundidad al ser, cada persona tiene una historia, experiencias, heridas que quizás desconozcamos y que de alguna manera cree, por lo que ha aprendido de sus experiencias, que es lo mejor o que es la forma en que nos tenemos que relacionar; tal vez sea erróneo de acuerdo a nuestra mirada, pero eso es lo que ha aprendido. Si nosotros vemos estas acciones bajo nuestros juicios o críticas nos dificultará poder comprender, escucharlo y perdonarlo.

Perdonar no significa que voy a olvidar el hecho o que la confianza se va a restablecer, incluso no quiere decir que volvamos a ser como antes; sino que ya no vamos a ser presos de ese odio o rencor y del continuo sufrimiento al recordar lo que pasó.

¿Qué es peor, aquel que reacciona de manera automática* frente a una situación o alguien que de manera consciente quiere venganza o hacerle daño?

Más que liberar al otro de la culpa, tiene que ver con una liberación de nosotros frente a estas emociones negativas, por eso el perdón sucede en nuestro interior, nos conecta con nuestra esencia, con el amor y la compasión hacia el otro. Al ser de esta manera nuestro perdón será sincero y puro, llevándonos a encontrar paz en nuestra mente y tranquilidad en nuestra vida.

Este perdón no solamente tiene que ser con los demás, sino que también tenemos que aprender a perdonarnos a nosotros mismos, no podemos exigir respeto, sino no nos respetamos.

No somos perfectos, podemos equivocarnos, cometer errores o podemos hacerle daño a alguien, pero eso no determina quiénes somos. Cuando cometemos algún error es fácil que aparezca el remordimiento y la culpa haciéndonos sentir mal.

El remordimiento puede ayudarnos para no repetir lo ocurrido, para aprender del error, de esta forma no lo repetiremos en el futuro.

La culpa nos sirve para comprender lo sucedido y para asumir nuestra responsabilidad, es decir, tomar consciencia del hecho y no repetirlo. Si nosotros nos mantenemos en la culpa lo único que haremos es ir agrandando esta herida en nuestro interior y, además, no nos dejará vivir en paz.

Para poder deshacer esta culpa es necesario ser compasivos con nosotros mismos, esto quiere decir que vamos entender lo sucedido y nuestra conducta, y a aceptar que el hecho fui así.

El ser compasivo con nosotros mismos significa ser amables, apagar esa voz interior que nos critica, tratarnos con cariño, con amor. Cuando somos autocompasivos nos entendemos, nos aceptamos y comenzamos a expresar un sentimiento de valor.

 

* programas que tenemos instalados en la mente y que nos conduce a actuar siempre de la misma forma frente a situaciones parecidas.

 


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