Consumo Consciente

Cuando hablamos de consumo consciente es muy probable que tendamos a pensar en los alimentos que ingerimos o en algún producto que nos sirva para vestirnos o entretenernos. Comenzamos a recordar las veces que fuimos al supermercado o al centro comercial y compramos algo que NO era necesario, lo adquirimos porque estaba en oferta o solo porque nos tentamos en el momento.

Si nos ponemos a pensar por qué hicimos eso, tal vez nos daríamos cuenta que lo hicimos porque estaba en oferta o solo porque nos tentamos. Pero si miramos hacia dentro de nuestro ser, nos daríamos cuenta que la mayoría de las veces fue para suplir algo que nos faltaba, para evadir algún malestar o porque teníamos un peso en nuestra mente. Si miramos un poco a nuestro alrededor veremos como algunas personas que se sienten solas tienden a suplir eso con alcohol, drogas o comiendo en exceso.

El consumo consciente no solo se refiere a lo que ingerimos, por supuesto que es importante alimentarnos bien para nutrir nuestro cuerpo y nuestra mente y que, a su vez, nos permita estar sanos. Cuando hablamos de consumo consciente también nos referimos a aquel que hacemos a través de nuestros ojos, oídos, nariz, lengua y mente.

¿Con qué alimentamos nuestra vista, nuestros oídos o nuestra mente? Cuando NO estamos consciente de aquello que consumimos es muy probable que comencemos a llenarnos de toxinas y a envenenar nuestro interior, observa cómo te vas cargando de muchas emociones negativas cuando te pasas todo el tiempo viendo el noticiero o leyendo muchas noticias trágicas, te vas llenando de miedo en exceso, de ira, agresividad, desconfianza, entre otras más. Para evitarlo necesitamos tener una práctica de autoprotección, siendo consciente de lo que vemos en la televisión, de lo que leemos, de lo que escuchamos y no solo de la televisión o radio, sino también cuando escuchamos a algunas personas que descargan enfado u odio hacia otros o al mundo.

Esto me hace recordar la historia de los dos lobos: “Una tarde un anciano americano nativo le explicó a su nieto una batalla que tiene lugar dentro de las personas. Le dijo: Hijo mío, la batalla es entre dos lobos que todos llevamos dentro. Uno es la rabia, la envidia, los celos, la pena, el arrepentimiento, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo y la superioridad. El otro es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la amabilidad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad y la compasión. El nieto pensó en ello durante un momento y después le preguntó a su abuelo: ¿Qué lobo gana? El anciano simplemente contestó: El que tú alimentas”.

¿A cuál de los dos vas a alimentar?


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